Futbol
Los campeonatos se inician en un clima de desatado entusiasmo. Nuestra selección es favorita indiscutible al título; los partidos de la primera fase se contemplan como meros trámites engorrosos y dilatorios.
Aquellos señoritingos de mierda que claudicaron en cuartos de final hace apenas un par de años, se han transformado, en el imaginario colectivo, en chavalotes cojonudos que entregan en el campo hasta el último resuello, fortalecidos por unas fantasmagóricas convicciones patrióticas.
El corazón nos revienta de alegría, anticipando la apoteosis que se avecina. Hasta que...
Hasta que caemos en cuartos de final.
El coitus interruptus pone en marcha nuevamente los engranajes de nuestra pasión ciclotímica. Los héroes nacionales vuelven a convertirse en una patulea despreciable.
Pero en apenas unos meses comienza la liguilla clasificatoria para el siguiente campeonato internacional, y, bueno, quién sabe, tal vez no eran tan malos, tal vez si logran torcer el maleficio que los persigue, tal vez si tienen más suerte con los árbitros, tal vez..." (leer más en el artículo de hoy de Juan Manuel de Prada en ABC).